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LAS PARTES DE LA MISA

(Instrucción General del Misal Romano)

La Misa consta de dos partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística. Otros ritos pertenecen a la apertura y conclusión de la celebración.

RITOS INICIALES

Todo lo que precede a la liturgia de la Palabra, es decir, el canto de entrada, el saludo, el acto penitencial, el Kyrie con el Gloria y la colecta, tienen el carácter de exordio, introducción y preparación. La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.

Canto de entrada

Reunido el pueblo, mientras entra el sacerdote con sus ministros, se da comienzo al canto de entrada. El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido, elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta, y acompañar la procesión de sacerdotes y ministros.

Saludo

Terminado el canto de entrada, el sacerdote y toda la asamblea, hacen la señal de la cruz. A continuación el sacerdote, por medio de un saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor. Con este saludo y con la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.

Acto penitencial

Después el sacerdote invita a un acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general y se termina con la absolución del sacerdote.

Señor, ten piedad

Después del acto penitencial se empieza el Señor, ten piedad, a no ser que éste haya formado ya parte del mismo acto penitencial.

Gloria

El Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas.

Oración colecta

A continuación el sacerdote invita al pueblo a orar y todos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas. Entonces el sacerdote lee la oración que se suele denominar "colecta".

LITURGIA DE LA PALABRA

Las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, con los cantos que se intercalan, constituyen la parte principal de la liturgia de la Palabra; la homilía, la profesión de fe y la oración universal u oración de los fieles, la desarrollan y concluyen.

Lecturas bíblicas

En las lecturas se dispone la mesa de la Palabra de Dios a los fieles y se les abren los tesoros bíblicos. Que se haya de tributar suma veneración a la lectura del Evangelio lo enseña la misma liturgia cuando la distingue por encima de las otras lecturas con especiales muestras de honor, sea por parte del ministro encargado de anunciarlo y por la bendición y oración con que se dispone a hacerlo, sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla y escuchan la lectura puestos en pie; sea finalmente por las mismas muestras de veneración que se tributan al libro de los Evangelios.

Después de la primera lectura sigue un salmo responsorial o Gradual, que es parte integrante de la liturgia de la Palabra. A la segunda lectura sigue el Aleluya u otro canto, según las exigencias del período litúrgico.

Homilía

La homilía es parte de la liturgia, muy recomendada, pues es necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que sea una explicación, o de algún aspecto particular de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del Ordinario, o de la Misa del día, teniendo siempre presente, ya el misterio que se celebra, ya las particulares necesidades de los oyentes. (Los domingos y fiestas de precepto téngase la homilía en todas las Misas que se celebren con asistencia del pueblo; fuera de eso se recomienda sobre todo en los días feriales de Adviento, Cuaresma y tiempo pascual, y también en otras fiestas y ocasiones en que suele haber numerosa concurrencia de fieles).

Profesión de fe

El símbolo o profesión de fe, dentro de la Misa, tiende a que el pueblo dé su asentimiento y su respuesta a la Palabra de Dios oída en las lecturas y en la homilía, y traiga a su memoria, antes de empezar la celebración eucarística, la regla de su fe.

Oración de los fieles

En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres.

LITURGIA EUCARÍSTICA

En la última Cena, Cristo instituyó el sacrificio y banquete pascual, por el que se hace continuamente presente en la Iglesia el sacrificio de la cruz, cuando el sacerdote, que representa a Cristo el Señor, lleva a cabo lo que el Señor mismo realizó y confió a sus discípulos para que lo hicieran en memoria suya. Cristo tomó en sus manos el pan y el cáliz, dio gracias, lo partió, lo dio a sus discípulos, y dijo: "Tomad, comed, bebed: esto es mi cuerpo: éste es el cáliz de mi sangre. Haced esto en conmemoración mía". De ahí que la Iglesia haya ordenado toda la celebración de la liturgia eucarística según estas mismas partes, con las palabras y acciones de Cristo. Ya que:

1) En la preparación de las ofrendas se presentan en el altar el pan y el vino con agua; es decir, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos.

2) En la plegaria Eucarística se da gracias a Dios por toda la obra de la salvación, y las ofrendas se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

3) Por la fracción del mismo pan se manifiesta la unidad de los fieles, y por la comunión ellos reciben el Cuerpo y la Sangre del Señor, del mismo modo que los Apóstoles lo recibieron de manos del mismo Cristo.

Preparación de los dones

Al comienzo de la Liturgia Eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En primer lugar se prepara el altar o la mesa del Señor, que es el centro de toda la Liturgia Eucarística, y sobre él se colocan el corporal, el purificador, el Misal y el cáliz, que puede también dejarse dispuesto en la credencia. Se traen a continuación las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. Un sacerdote o el diácono saldrá a recibirlos a un sitio oportuno y lo dispondrá todo sobre el altar mientras pronuncia las fórmulas establecidas. Aunque los fieles no traigan pan y vino suyo como se hacía antiguamente, con este destino litúrgico, el rito de presentarlos conserva igualmente todo su sentido y significado espiritual.

Terminada la colocación de las ofrendas y concluidos los ritos que la acompañan se concluye la preparación de los dones, con una invitación a orar juntamente con el sacerdote, y con la fórmula llamada "oración sobre las ofrendas". Así queda preparada la Oración Eucarística.

Oración Eucarística

Comienza ahora la Oración Eucarística, que es el punto central y el momento culminante de toda la celebración; es una plegaria de acción de gracias y de santificación. Los principales elementos de que consta la Oración Eucarística pueden distinguirse de esta manera:

a) Acción de gracias (que se expresa sobre todo en el prefacio): en la que el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de salvación o por alguno de sus aspectos particulares, según las variantes del día, fiesta o tiempo.

b) Aclamación: con la que toda la asamblea, uniéndose a las potestades celestiales, canta o recita el Santo. Esta aclamación, que constituye una parte de la Plegaria Eucarística, la pronuncia todo el pueblo con el sacerdote.

c) Epíclesis: con la que la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora el poder divino para que los dones que han ofrecido los hombres, queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y para que la hostia inmaculada que se va a recibir en la comunión sea para salvación de quienes la reciban.

d) Narración de la institución y consagración: mediante las palabras y acciones de Cristo se lleva a cabo el sacrificio que Cristo mismo instituyó en la última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, los dio a los Apóstoles en forma de alimento y bebida, y les dejó el mandato de perpetuar este mismo misterio.

e) Anámnesis: con la que, al realizar este encargo que a través de los Apóstoles, la Iglesia recibió de Cristo Señor, realiza el memorial del mismo Cristo, recordando principalmente su bienaventurada Pasión, su gloriosa Resurrección y la Ascensión al Cielo.

f) Oblación: por la que la Iglesia, en este memorial, sobre todo la Iglesia aquí y ahora reunida, ofrece al Padre en el Espíritu Santo, la hostia inmaculada. La Iglesia pretende que los fieles no sólo ofrezcan la hostia inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a sí mismos, y que de día en día perfeccionen con la mediación de Cristo, la unidad con Dios y entre sí, de modo que sea Dios todo en todos.

g) Intercesiones: con ellas se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros vivos y difuntos, miembros que han sido todos llamados a la participación de la salvación y redención adquirida por el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

h) Doxología final: en la que se expresa la glorificación de Dios, y que se concluye y confirma con la aclamación del pueblo.

Rito de comunión

Ya que la celebración eucarística es un convite pascual, conviene que, según el encargo del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles debidamente preparados. A esto tienden la fracción y otros ritos preparatorios, con los que se va llevando a los fieles hasta el momento de la comunión.

Padrenuestro

En él se pide el pan cotidiano, que es también para los cristianos como una figura del pan eucarístico, y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad "se den a los santos las cosas santas".

Fracción del pan

El acto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última Cena, en los tiempos apostólicos fue el que sirvió para denominar a la íntegra acción eucarística. Este rito no sólo tiene una finalidad práctica, sino que significa además que nosotros, que somos muchos, en la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo, nos hacemos un solo cuerpo (1 Cor 10, 17).

Comunión

El sacerdote se prepara con una oración privada, para recibir con fruto el Cuerpo y la Sangre de Cristo: los fieles hacen lo mismo, orando en silencio. Luego el sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico que recibirán en la comunión, y los invita al banquete de Cristo; y juntamente con los fieles formula, usando palabras evangélicas, un acto de humildad.

Es muy de desear que los fieles participen del Cuerpo del Señor con hostias consagradas en esa misma Misa y, en los casos previstos, participen del cáliz, de modo que aparezca mejor, por signos exteriores, que la comunión es una participación en el sacrificio que en ese momento se celebra.

Cuando se ha terminado de distribuir la comunión, el sacerdote y los fieles, según lo permita el tiempo, pueden orar un rato recogidos. Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea, un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.

En la Oración después de la comunión, el sacerdote ruega porque se obtengan los frutos del misterio celebrado. El pueblo hace suya esta oración con la aclamación: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

El rito de conclusión consta de:

a) Saludo y bendición sacerdotal, que en algunos días y ocasiones se enriquece y se amplía con la oración "sobre el pueblo" o con otra fórmula más solemne.

b) Despedida, con la que se disuelve a la asamblea, para que cada uno vuelva a sus quehaceres, alabando y bendiciendo al Señor.

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Enseñanza sobre la Liturgia

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SIMBOLISMO DE LAS VESTIMENTAS LITÚRGICAS

LOS SACERDOTES

Con su simbolismo enseñan  a  proveerse de armas espirituales en el combate contra el espíritu del mal. Como dijo el apóstol: Las armas de nuestra milicia no son materiales, pero sí poderosas  para derribar lo que se le opone. A la par de la reina, adecuadamente ceñida de sus diversos ornamentos, el sacerdote adornado exteriormente con las vestimentas sagradas, debe  cuidar que su interior, su alma, esté revestida de buenas costumbres, según lo escrito:  Que los sacerdotes estén revestidos de justicia.

Que se coloque al principio el amito como un casco de salvación y que descienda sobre sus hombros. Esto indica que no debe adormecerse en la ociosidad sino consagrarse fortalecido a las buenas obras  y, además, demuestra que deberá tomar  para sí las cargas. Que ligue los cordones del amito sobre el pecho, recordando que esta acción a punto de comenzar, que es buena por su intención  y el objeto perseguido, se lleve a cabo  según el querer de Dios.

A continuación el sacerdote adaptará convenientemente el alba e torno a su pecho, para evitar las superfluidades en su vida y costumbres. Que el alba sea blanca, resplandeciente por la pureza de sus obras; amplia  para la justicia, a fin de dar a cada uno lo que es debido; sus riñones sean ceñidos por un cordón, para que comprometido en el camino estrecho, no caiga en la lujuria y que no se sienta entorpecido por la embriaguez y la glotonería.

Para volver a encontrar la vestimenta de la alegría y la inmortalidad, y llevar con paciencia el yugo del Señor, poniendo la estola sobre el cuello, que lleve con paciencia el yugo del Señor: es por la paciencia que se posee el alma. Que esté atento a su derecha y a su izquierda, así como él debe  estar fortalecido en ambos lados con las armas de la justicia, y sea exaltado por la prosperidad o abatido por la adversidad.

En el brazo izquierdo donde coloca el manípulo o  pañuelo, una vez rechazadas la languidez  y cansancio de la vida presente, que pueda enjugar, en cierto sentido, el sudor  de su espíritu con el lienzo de la vigilancia  y sacuda la torpeza de su corazón. Los ministros del Señor no deben desanimarse ante el trabajo:  tengan siempre presente en el espíritu, que luego volverán  alegremente cargando sus manojos (manipulus).

Por último se reviste de la casulla que es la vestimenta nupcial, designa a la caridad  y cubre la multitud de los pecados. El sacerdote debe desbordar de caridad, extendiendo los dos brazos, en gesto de amor, a derecho e izquierda, hacia Dios y hacia el prójimo. Y así adornado de todas las virtudes, por sobre ellas ponga  el lazo de una perfecta caridad. De esta manera, con la gracia del Señor, podrá obtener lo que pide.

LOS OBISPOS

Sus pies calzan sandalias para preparar el evangelio de la paz, según está escrito: Que sean hermosos los pies  de aquellos que anuncian  el evangelio de la paz. Las suelas por debajo de las sandalias, es para que no se ensucien con las cosas de la tierra. Por encima el cuero tiene una abertura como ventana, para que  abran los ojos del corazón al conocimiento de las realidades celestiales.

Debe estar esa abertura  significando la conveniencia  de revelar a algunos los secretos del cielo, y mantenerlos ocultos en parte, a otros.

Usan también caligas apretadas en torno a las rodillas, pues quien predica a los demás, debe conducir sus pasos  por caminos rectos  y afirmar sus rodillas vacilantes. El obispo  reviste sobre el alba, una larga túnica llamada toga que significa la perseverancia de los prelados. Las demás virtudes corren la carrera; sólo la perseverancia  recibe el premio.

Sobre la túnica se coloca la dalmática. La amplitud de las mangas recuerdan  la liberalidad: que el prelado no tenga la mano extendida para recibir y cerrada para dar, él que debe abundar en obras de misericordia y tender sus manos para ponerlas a disposición de los presentes. Es por ello que los diáconos, elegidos por los apóstoles para el servicio de la mesa, usan dalmática. Por lo común, esta prenda tiene franjas en su parte izquierda, según la palabra:  aquel que conduce a sus hermanos, que se cuide de vigilarlos.

Que el obispo tenga guantes en las manos, según lo escrito: Cuidad de no hacer buenas obras delante de los hombres, para ser vistos. Si es lícito que se hagan públicamente, la intención debe quedar oculta, a fin que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha.

Que tenga la mitra en la cabeza, pues quiere decir que lleva la ciencia de ambos Testamentos, así como el rostro de Moisés mostraba  haces luminosos sobre su cabeza. Con los cuernos de los Testamentos, el obispo debe combatir a los enemigos de la Iglesia.

Que tenga un anillo en el dedo, para que pueda decir por la voz de la esposa: "Nuestro Señor Jesucristo  ha puesto el anillo como signo de alianza" No sólo deberá llevarlo como muestra de fidelidad, sino principalmente  para demostrar que  vela para dar a Cristo como único esposo, a las almas que le fueron encomendadas. Dice el apóstol:  Yo os ligué a mi esposo  para presentaros a Cristo como virgen pura.

Que lleve en la mano el bastón pastoral o báculo para corregir, sostener y empujar. Es recto  en su parte vertical para dirigir y sostener a los débiles; y es curvo en su parte superior  para atraer a los pecadores  y reunir a lo que erran:  "Juntad, sostened, estimulad  al indeciso, al enfermo, al perezoso".

Los arzobispos, además, llevan sobre sus vestimentas un collar de lana blanca (Palio), de forma circular que  rodea  pecho y espaldas. La lana es la aspereza de la reprensión a los rebeldes; el color blanco, la benevolencia hacia los humildes y penitentes, pues el prelado debe mostrar rostro de león  y cara de hombre. La forma circular que encierra los hombros es el temor del Señor, por quien las obras se cierran  a fin de que su perfume cubierto no se vaya desvaneciendo, como sucede si se descuidan las pequeñas  cosas que, poco a poco, se cae en las grandes.

El palio (Pallium) tiene cuatro cruces situadas delante y detrás, a la derecha y a la izquierda. Así el obispo debe poseer vida, ciencia, doctrina y poder. Se relaciona también con las cuatro virtudes cardinales, teñidas de púrpura  por la fe en la Pasión del Cristo. En la parte anterior se representa la justicia: el prelado debe velar para dar a cada cual lo suyo. En la parte posterior, la prudencia: el prelado debe cuidarse de  dudas  y pensamientos nocivos. A la izquierda, el coraje, para no sucumbir en la adversidad.   A la derecha, la templanza, para no descontrolarse en la prosperidad.

Sobre  el palio hay además dos rayas, una delante, en el pecho, a fin de que dedique tiempo a la contemplación, y otra sobre la espalda, para que no rehuya las cargas de la vida activa. Como Moisés que estuvo un tiempo con el Señor en la montaña  y otro tiempo en la tierra con el pueblo.

El palio es doble  en la izquierda, pues es necesaria la firmeza en la vida presente, debido a sus múltiples contratiempos. Es simple a la derecha, en razón  de la quietud y uniformidad de la vida futura. Tres hebillas tiene el palio: sobre el hombro izquierdo, delante del pecho y atrás en la espalda, para que el prelado sea movido por un triple aguijón: temor a la pena, temor a la culpa y temor a la ignorancia. Que no sea herido en el pecho por la contrición y por la compasión; en el hombro izquierdo, por la paciencia ante las pruebas; en la espalda por el temor.   Si el justo apenas se salvará, ¿qué no le espera al impío?  La eterna beatitud  no es tiempo de dolor, no tiene hebilla en el hombro derecho. La hebilla  tiene el extremo dirigido hacia abajo y es de forma redonda hacia arriba: quien sufre en esta tierra por Cristo, será coronado en la vida eterna.

PEQUEÑO DICCIONARIO LITÚRGICO

Abstinencia: (del latín abstinentia, acción de privarse o abstenerse de algo) Gesto penitencial. Actualmente se pide que los fieles con uso de razón y que no tengan algún impedimento  se abstengan de comer carne, realicen algún tipo de privación voluntaria o hagan una obra caritativa los días viernes, que son llamados días penitenciales.

Sólo el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia.

Anunciación del Señor: Solemnidad que se celebra el 25 de marzo, nueve meses antes del día de Navidad. Se recuerda el anuncio del ángel a María y la Encarnación del Verbo de Dios. Es una fiesta de carácter cristológico y, al mismo tiempo, mariano.

Ascensión del Señor: Solemnidad litúrgica que se celebra cuarenta días después de Pascua (en día jueves) o, como en Argentina, el domingo siguiente (el séptimo domingo de Pascua). Recuerda el misterio de Cristo resucitado que sube al Padre en cuerpo y alma.

Ayuno: (del latín ieiunium, ayuno, abstinencia) Privación voluntaria de comida por motivos religiosos. Es una forma de vigilia, un signo que ayuda a tomar conciencia (ej.: el ayuno del Miércoles de Ceniza recuerda el inicio del tiempo penitencial) o que prepara (ej.: el ayuno eucarístico predispone a la recepción que en breve se hará del Cuerpo de Cristo). La Iglesia lo prescribe por el espacio de un día para el Miércoles de Ceniza, con carácter penitencial, y para el Viernes Santo, extensivo al Sábado Santo, con carácter pascual; y por una hora para quienes van a comulgar.

Candelaria: Nombre que popularmente se da a la fiesta de la Presentación del Señor, que tiene lugar el 2 de febrero (40 días después de Navidad). La Misa de ese día comienza con una procesión con velas (de ahí su nombre) en recuerdo del ingreso del niño Jesús en el Templo.

Ceniza: (del latín cinis, ceniza) Material proveniente de la combustión de algo por el fuego. Simboliza la muerte, la fragilidad de la vida y también la humildad y la penitencia. Las que se imponen el Miércoles de Ceniza se preparan quemando palmas y olivos benditos el Domingo de Ramos del año anterior.

Corpus Christi: (en latín: Cuerpo de Cristo) Nombre común con el que se conoce la solemnidad litúrgica del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Establecida en 1264 por Urbano IV para celebrar la presencia real y, al mismo tiempo, sacramental de Cristo en la Eucaristía. Es común en este día que se realicen procesiones llevando por las calles el Santísimo Sacramento. En algunos países, como Argentina, se celebra el domingo siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Cuaresma: (del latín quadragesima, cuadragésima) Tiempo litúrgico penitencial durante el cual la Iglesia se prepara para la celebración gozosa de la Pascua.

El Tiempo de Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta  la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, exclusive. Durante este tiempo no se dice el Aleluya. Queda prohibido, como signo penitencial, adornar con flores el altar, y los instrumentos musicales se permiten sólo para sostener el canto (de estas normas se exceptúan el domingo laetare, las solemnidades y las fiestas). El color litúrgico propio es el morado.

Cincuentena Pascual: Período de tiempo que media entre el Domingo de Pascua y el de Pentecostés. Tiene un carácter tan festivo que debería celebrarse como si fuera un solo día, un gran domingo. El cirio pascual permanece durante toda la Cincuentena en el presbiterio. La primera semana de este tiempo es la Octava de Pascua.  El color litúrgico propio es el blanco. También se la llama Tiempo pascual.

Domingo de la Pasión del Señor: Sexto y último domingo de Cuaresma. Ese día comienza la Semana Santa. También se lo llama Domingo de Ramos, o Domingo de Ramos en la Pasión del Señor.

Jueves Santo: Último día de Cuaresma. En la mañana de este día el obispo, rodeado de su presbiterio, celebra la Misa crismal en donde consagra los santos óleos y en la que el presbiterio renuevan sus promesas sacerdotales. Por la tarde se abre el solemne Triduo Pascual con la Misa de la Cena del Señor donde suele realizarse el lavatorio de los pies; en esta celebración se consagra el pan necesario para la comunión del Viernes de la Pasión del Señor, ya que ese día no se celebrará el sacrificio eucarístico. Luego de la comunión se traslada el Santísimo Sacramento hasta el lugar donde se reserva y es adorado por los fieles hasta la media noche. En este día se conmemora la última cena en la que Cristo, dando muestra de su actitud de humilde servicio, lavó los pies a sus discípulos. En las palabras sobre el pan (“Esto es mi cuerpo entregado”) y el vino (“Este es el cáliz de mi sangre derramada”) la tradición católica ha visto la institución de la Eucaristía y del Orden Sagrado y en el lavatorio de los pies, el signo más claro del mandamiento del amor.

Miércoles de Ceniza: Miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma. Este día, con la imposición de las cenizas, comienzan las prácticas penitenciales del tiempo que prepara a la Pascua.

Nacimiento de san Juan Bautista: Solemnidad litúrgica que se celebra el 24 de junio.

Presentación del Señor: Fiesta litúrgica que se celebra el 2 de febrero, cuarenta días después de Navidad, en conmemoración de la presentación del niño Jesús en el Templo de Jerusalén. Esta fiesta es también conocida como la Candelaria, ya que en ese día se suelen bendecir velas que simbolizan a Cristo, la luz del mundo.

Pascua: (del griego páscha; del hebreo pesaj, paso, tránsito) Tercer día del Triduo Pascual. Solemnidad central del calendario litúrgico que gira en torno a ella. Es la más importante de todas las solemnidades cristianas ya que celebra la Resurrección de Cristo, prefigurada en la Pascua judía (liberación de la dominación egipcia, paso del Mar Rojo). La fiesta de Pascua se prolonga durante una octava solemne y luego durante seis semanas (Cincuentena Pascual) hasta la fiesta de Pentecostés. Hay testimonios de que al menos a mediados del siglo II los cristianos ya celebraban anualmente la fiesta de Pascua. En Asia menor y oriente lo hacían el día 14 de nisán (de acuerdo con el calendario judío); pero en Roma y occidente se prefirió el domingo siguiente a esa fecha (como recuerdo del primer día de la semana en el que los discípulos del Señor tuvieron su experiencia pascual). En el Concilio de Nicea (año 325) se estableció para toda la Iglesia que la Pascua se celebrase el domingo siguiente al plenilunio, después del equinoccio de primavera (del hemisferio norte). Así se hizo hasta el siglo XVI, cuando los orientales, al rechazar el calendario gregoriano, comenzaron a diferir de los occidentales en el día festivo.

Pentecostés: (del griego pentekostós, quincuagésimo) Solemnidad litúrgica que se celebra cincuenta días después de Pascua recordando la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles (Hech 2, 1 y ss). En este día la Cincuentena Pascual llega a su plenitud y finaliza.

Los judíos llamaban Pentecostés o fiesta de las semanas a la fiesta de la cosecha agrícola que recordaba también la alianza del Sinaí. En este día se canta la secuencia Veni, sante Spiritus. El color litúrgico propio es el rojo.

Procesión: (del latín processus, progresión, acción de avanzar) Caminar comunitario de unas personas detrás de otras con sentido religioso. En la liturgia romana de la Misa hay varias procesiones: la procesión de entrada, cuando se dirige al presbiterio el  presidente precedido de los ministros, mientras se entona la antífona o canto de entrada; la procesión del Evangelio, cuando se dirige al ambón quien va a proclamar el Evangelio (a veces acompañado de ministros con cirios e incienso); la procesión de presentación de los dones, cuando se acercan al altar el pan y el vino que serán consagrados; y la más importante, la procesión de la comunión, cuando la comunidad se acerca a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Durante el año litúrgico están señaladas procesiones especiales para la fiesta de la Presentación del Señor, siguiendo a Cristo Luz del mundo; para el Domingo de Pasión, recordando la entrada de Jesús en Jerusalén; el Jueves Santo, acompañando al Santísimo Sacramento hasta el lugar de la reserva; el Viernes Santo, para la adoración de la cruz; en la Vigilia Pascual, detrás del cirio encendido; el día del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). También en la celebración del Bautismo y en las Exequias se prevén procesiones dentro del templo. Además suelen hacerse procesiones fuera del templo llevando el Santísimo Sacramento bajo palio o las imágenes de la Virgen María o de los santos en sus fiestas.

Santísima Trinidad: Solemnidad litúrgica que se celebra el domingo después de Pentecostés.

Sábado Santo: Segundo día del Triduo Pascual en el que se recuerda a Jesús en el sepulcro. Es un día alitúrgico ya que no se permite celebrar la Eucaristía, ni ninguna otra acción litúrgica, salvo el rezo de la Liturgia de las Horas, hasta la celebración de la Vigilia Pascual. Y la Sagrada Comunión sólo puede llevarse como viático.

Semana Santa: Última semana del tiempo de Cuaresma, la que prepara inmediatamente y comprende al Triduo Pascual. Comienza el domingo de la Pasión del Señor, o de Ramos, y llega hasta el Sábado Santo.

Triduo Pascual: Celebración anual de la Pascua, comprende el Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Pascua, siendo la Misa vespertina del Jueves Santo su prólogo o introducción. El Triduo Pascual de la pasión, sepultura y resurrección del Señor es el punto culminante de todo el año litúrgico. Estos tres días se celebran como si fueran uno solo: ni el viernes, ni el sábado se celebra la Eucaristía (son días alitúrgicos) y su cumbre es la Vigilia Pascual.

Tiempo Ordinario: Período de las 33 o 34 semanas en el curso del año en las cuales se celebra el misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Es el tiempo de la Iglesia que espera el regreso de su Señor haciendo presente su misterio de salvación. Comienza con la fiesta del Bautismo del Señor y se prolonga hasta el Domingo 34º (fiesta de Jesucristo, Rey del Universo) con la semana que le sigue. Es interrumpido, el Miércoles de Ceniza, para la celebración anual de la Pascua y retomado el lunes después de Pentecostés. El color litúrgico propio de este tiempo es el verde. También se llama tiempo durante el año.

Vela: (en latín: candela) Candela para uso litúrgico, elaborada con cera de abeja. Cuando se desarrolla una acción litúrgica se encienden velas sobre o en torno del altar. Antiguamente tenían una función práctica: iluminar; hoy sólo sirven para simbolizar a Cristo-Luz del mundo (particularmente cumple esta función el cirio pascual) y significar la fe y la oración de los fieles en presencia del Señor. La piedad popular encuentra en la vela encendida que permanece en el templo, delante del altar, de una imagen de la Virgen María o de algún santo, una continuación simbólica del creyente; ya que el fiel no puede permanecer en oración porque otras ocupaciones lo reclaman, deja una vela encendida que lo representa.

Vía crucis: (en latín: El camino de la cruz) Ejercicio piadoso que consiste en meditar el camino de la cruz por medio de lecturas bíblicas y  oraciones. Esta meditación se divide en 14 o 15 momentos o estaciones. San Leopoldo de Porto Mauricio dio origen a esta devoción en el siglo XIV en el Coliseo de Roma, pensando en los cristianos que se veían imposibilitados de peregrinar a Tierra Santa para visitar los santos lugares de la pasión y muerte de Jesucristo. Tiene un carácter penitencial y suele rezarse los días viernes, sobre todo en Cuaresma. En muchos templos están expuestos cuadros o bajorrelieves con ilustraciones que ayudan a los fieles a realizar este ejercicio.

Vía lucis: (en latín: El camino de la luz) Ejercicio piadoso realizado para meditar y celebrar las apariciones del Señor resucitado, especialmente durante la Cincuentena Pascual. Se lo divide en estaciones al modo del Vía crucis.

Viernes Santo: Primer día del Triduo Pascual consagrado a la proclamación de la  Pasión del Señor y a la adoración de la cruz, en la cual se ofreció definitivamente Cristo para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado. Es un día alitúrgico ya que no se celebra la Eucaristía ni ningún otro sacramento, salvo por razones gravísimas. La liturgia de ese día es una celebración de la Palabra seguida de la plegaria universal, la adoración de la cruz y la comunión. El ayuno de este día no tiene sentido penitencial sino de preparación para la celebración de la solemnidad de Pascua de Resurrección.


Fuente:

"Diccionario de Liturgia” de Ricardo Pascual Dotro y Gerardo García Helder, A. MI. CO., Bs. As., 2002.

El Canto en la Liturgia

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EL CANTO EN LA LITURGIA DE LA COMUNIDAD

El canto nos pone en comunicación con Dios y nos pone en sintonía con la comunidad y con el acontecimiento (misterio) que celebramos.

El canto ayuda a formar comunidad, a expresarla y hacerla festiva.
Fomenta la participación en la celebración; ayuda a superar el individualismo e integrarse al grupo.

El canto litúrgico tiene función ministerial (SC 112): está en función de la celebración.
Un canto es litúrgico en cuanto sirve a la celebración comunitaria en el momento en que se lo canta.   Esto hace que cada canto no sea bueno en sí mismo, sino para un determinado momento de la celebración.
El canto no debe durar más que la acción (rito) a la que acompaña, ni usarse para rellenar momentos de silencio.
También está en función de los participantes, de su cultura y de su situación concreta.
 

EL REPERTORIO LITURGICO

Hay que distinguir entre cantos litúrgicos y cantos religiosos.
El canto litúrgico debe expresar la fe de la comunidad, ayudar a profundizar el sentido de lo que celebramos.
Los cantos litúrgicos deben tener calidad en su música y en su letra. La música está al servicio del texto.

Los cantos deben respetar el texto litúrgico del Ordinario de la Misa. Y estar tomados fundamentalmente de la Escritura o de los textos litúrgicos (SC 121; 23; 33).
Es necesario que haya cantos propios de cada tiempo litúrgico.

El texto de los cantos litúrgicos debe tener:

- calidad literaria (gramatical, sencillez...)
- contenido litúrgico, evangelizador, funcional
- sentido pastoral inculturado
- oraciones en plural (emplear el nosotros en vez del yo)

Cantos fundamentales:
Cantos importantes:
Cantos comunitarios:
Cantos complementarios:

Salmo responsorial - Santo
Aleluia - Memorial - Amén
entrada - comunión - (despedida)
Kyrie/Gloria - ofrendas - Paz/Cordero

Criterios:

- No se puede cantar el primer canto que se nos ocurra.
- No se puede cantar un canto sólo porque sea nuevo o lindo.
- Ni se pueden elegir sólo los cantos que la gente mejor sabe
   (hay que ir ampliando el repertorio).
+ Hay que cantar cantos con calidad musical y letra litúrgica.
+ Cantos que la gente sepa y cante sin dificultad
   (los cantos nuevos deben ser bien aprendidos).

Escuchar a la gente para decidir mejor si conviene simplificar el repertorio o ampliarlo y mejorarlo.   Popular no es lo mismo que vulgar.
Hay que tener en cuenta quiénes participan en cada celebración.

La celebración se debe preparar en forma artesanal, no en serie: cada celebración tiene características y participantes propios y los cantos tienen que ser elegidos de acuerdo a ello.

Como los cantos son pertenencia de la comunidad, deben ser bien conocidos y ensayados previamente.
 

ROLES

La celebración litúrgica es una acción de todo el pueblo presidido por los ministros.

El coro, en muchos lugares, surgió a partir de grupos de personas que se situaban entre la gente para animar el canto.   Suele tener a su cargo la parte más compleja de los cantos, pero no debe usurpar el papel del pueblo en las aclamaciones de la asamblea...
Funciones del coro:

·         Animar y enriquecer el canto de la asamblea.

·         Resaltar lo que tiene de especial el domingo que se celebra.
(Ej.: cantar estrofas propias del domingo con un estribillo común cantado por todos)

·         Acompañar en algunos momentos la reflexión de la gente.

La función del salmista es cantar el Salmo responsorial.
Debe conocer el salterio. Y tener seguridad al cantar.

El encargado del canto (o director) debe impulsar la participación de todos.
Debe transmitir seguridad; ser visible pero no absorbente.   Debe 'saber estar' en una celebración.
Si se apela a solistas, es importante evitar toda actitud de divismo.

El uso de instrumentos es una forma de participar con el carisma propio de cada uno.
Se deben conocer la asamblea y la celebración, y considerarse parte de un conjunto (sin vedettismo).
Hay que respetar los límites del registro de voz de los participantes.
Los instrumentos no deben "tapar" a la asamblea. (El cantor principal tampoco debe estorbar cantando fuerte en el micrófono).
Las palmas (cuando fuere adecuado incluirlas) no deben ahogar el canto.
 

EL RITO DE ENTRADA

El rito introductorio:

su función es integrarnos como grupo y con la Iglesia peregrina
es una preparación para el resto de la celebración
en él tiene mucha importancia el canto
debe encarnarse en la cultura y la situación de la comunidad

El canto de entrada nos ayuda:

o        a constituir la asamblea (pasar del yo al nosotros)

o        a integrarnos con la Iglesia, pueblo de Dios en marcha

o        a ubicarnos en el tiempo litúrgico
(se recomienda en este caso el uso de cantos propios de cada tiempo)

o        a tener presente el acontecimiento (misterio) que celebramos

o        a expresar las situaciones concretas que atraviesa la comunidad.

La gente debe saber bien el canto de entrada, de lo contrario en vez de ayudar a formar la asamblea, la desinfla.
El canto de entrada no se debe alargar innecesariamente después que el sacerdote haya llegado a la sede.

Se pueden hacer variar los cantos iniciales en importancia según el tiempo litúrgico y el domingo.
En Adviento y Cuaresma conviene cantar el rito penitencial, o el Señor ten piedad (Kyrie).
El Gloria debería ser cantado durante el tiempo Pascual.  En tiempo de Navidad podría ser empleado como canto de entrada.
El rito de entrada no debe tener tal acumulación de cantos que le dé una duración desproporcionada.
 

EL SALMO RESPONSORIAL Y EL ALELUIA

El Salmo responsorial forma parte de la Liturgia de la Palabra. (IGMR 36). Es Palabra de Dios cantada.
La Iglesia recomienda que se procure cantarlo siempre (al menos la antífona).
Hace "eco" y prolonga el clima creado por la primera lectura. Su antífona contiene el núcleo del Salmo.
No debe ser reemplazado por otro canto, a lo sumo puede cantarse otro salmo similar (si no se conoce el que corresponde).
Se recomienda que se cante en modo responsorial (de respuesta).

Orientaciones: (orden decreciente de preferencia)

o        antífona propia cantada   y salmo cantado

o        antífona propia cantada   y salmo leído

o        antífona común cantada   y salmo cantado o leído

o        antífona propia recitada   y salmo leído
(mal, pues la gente no atiende al salmo por memorizar la antífona. Esto se evitaría repitiendo la antífona sólo al principio y al final del Salmo).

Si el Salmo no se puede cantar, se lo lee en actitud orante (y evitando que lo lea el mismo lector de la 1ª Lectura. [Excepto el cántico del Éxodo en la Vigilia Pascual])
La antífona debe ser cantada por todos, no por un grupo o coro.
Si no se puede aprender la antífona propia de cada domingo, se puede tener un repertorio de unas cuantas antífonas comunes y elegir la que más se adapte a ese Salmo.

El Aleluia (y el versículo) debe ser cantado por toda la asamblea.
En muchos lugares es habitual que el versículo sea leído, entre aleluias, por quien va a proclamar el Evangelio.
En Cuaresma no se canta el Aleluia, sino otra aclamación apropiada.
La aclamación después del Evangelio es más expresiva si es cantada.

Los cantos de meditación no deben usarse para reemplazar el Salmo responsorial.
Su lugar está en otros momentos: después de la homilía, durante la colecta, en la acción de gracias...

Se recomienda que el Credo se recite, o se cante estrictamente el texto litúrgico, pues expresa nuestra fe, la fe de la Iglesia (no un sentimiento más o menos difuso de adhesión a Cristo).

Conviene que la invocación de la oración universal sea cantada.
 

LA PRESENTACION DE LAS OFRENDAS

El canto indicado para este momento es procesional y tiene el sentido de acompañar la presentación de los dones, que representan todo lo bueno que Dios nos da y que le retornamos enriquecido con nuestro trabajo.
(Es un canto de presentación, no de ofertorio).
Durante la colecta, un coro o toda la asamblea, podría haber cantado un canto de reflexión de la Palabra de Dios escuchada. O pudo haber música sin canto.
El canto de ofrendas no debe extenderse más allá del rito al que sirve.
 

LAS ACLAMACIONES

Las aclamaciones más importantes son:

- el Señor ten piedad (Kyrie)
- la respuesta (invocación) de la Oración de los fieles
- el Santo
- la aclamación después de la consagración
- el Amén de la Plegaria Eucarística
- la respuesta Tuyo es el Reino...
- el Cordero de Dios

En la Plegaria Eucarística hay 3 aclamaciones:
         prefacio          >>     Santo
         consagración   >>     aclamación del memorial
         doxología        >>     Amén
Las aclamaciones están puestas pensando que van a ser cantadas. De esa manera adquieren toda su fuerza.

La Iglesia indica que el Santo se cante siempre. Es el canto más importante de la Misa.
Es un canto de toda la asamblea. Debe ser jubiloso, aclamativo, bien sabido.
Es un canto Propio de la Misa: se recomienda seriamente no usar letras que no respondan al texto litúrgico.

La aclamación del memorial de la institución (después de la consagración) también debería ser cantada, y no siempre la misma, usando también las otras dos formas de la aclamación.
La respuesta Por tu Cruz... es la más indicada para Cuaresma.
La respuesta Cada vez... es la más apta para Adviento.

El Amén final de la Plegaria Eucarística debe ser vigoroso y debe ser cantado (Inaestimabile Donum). Sin embargo se lo suele cantar muy poco.
(Pero no es correcto que todos reciten la doxología junto con el sacerdote)
 

EL RITO DE COMUNIÓN

Los ritos alrededor de la comunión son una de las partes de la Misa más sobrecargadas musicalmente: Padrenuestro, paz, Cordero, comunión, acción de gracias, final.

El Padrenuestro es una oración para ser mejor rezada que cantada.
Si se canta, es imprescindible respetar estrictamente el texto litúrgico. En estos casos, más que nunca, la música es esclava del texto.
Es preferible que la aclamación Tuyo es el Reino... se cante.

El canto de Paz, si se canta, tiene que ser breve y resaltar que es Cristo el que nos da la paz y realiza nuestra unión.
No se debe cantar mientras la gente se está saludando (a menos que lo cante sólo el coro).

El Cordero de Dios debería cantarse habitualmente durante la fracción del Pan.
(Y evitar el canto de paz al menos en tiempos litúrgicos como Cuaresma y Adviento: la acumulación de cantos justo antes de la comunión no es recomendable).

El canto de comunión debe ser procesional y conviene que sea de tema eucarístico, o resalte el sentido de comunidad o que recuerde el tema del Evangelio o el tiempo litúrgico.
Es un canto alegre, debe ser cantado con ganas. La gente lo debe saber bien.
Debe durar todo lo que dure la procesión, y no extenderse más allá innecesariamente.

La acción de gracias es un momento más indicado para hacer silencio que para cantar. Por tanto el canto de comunión normalmente no debe extenderse ocupando este momento.
Puede haber música suave, o un canto sereno de acción de gracias por parte del coro, acompañando la oración silenciosa del pueblo.
 

LA DESPEDIDA

Si bien no figura en el ritual, tenemos la costumbre de terminar la Misa cantando un canto, generalmente de envío o a la Virgen.
Este canto final debería estar antes de la despedida (o antes de la bendición), pues el saludo "Pueden ir en paz" disuelve la asamblea, y debe ser interpretado como lo que es: una invitación a retirarse.
Una forma de resolverlo podría ser cantar un canto muy breve y terminar luego con el saludo de despedida.
Otra, dejándolo al final, pero que sea un canto breve, entusiasta y bien sabido para que la gente lo pueda ir cantando mientras se retira.
O bien, reemplazar el canto por música o por un canto del coro mientras los fieles se van retirando.
 

EL ENSAYO DE CANTO

No es lo mismo animar una asamblea de niños que una de adultos, tampoco una Nochebuena que un 2 de noviembre.
Convendría llegar a un acuerdo con la asamblea y con el que preside para destinar unos minutos antes de la celebración al ensayo.
[Es deseable contar con una buena dosis de jovialidad, buena presencia, seguridad musical y algo de sentido del humor]
Antes del ensayo, el grupo de músicos y cantores deberá tener claro cómo se desarrollará el mismo.

No conviene ensayar muchas cosas nuevas.
Empezar cantando algo conocido y que guste a la gente.
Decir en qué momento se va a cantar cada canto ensayado.
A veces se puede hacer notar o corregir algún giro.
(También resaltar alguna frase más apta para hacer oración).
Es necesario que la gente tenga la letra de los cantos (a menos que sean muy fáciles de memorizar).

Empezar cantando el canto para que la asamblea lo escuche (a lo sumo acompañado de un solo instrumento).
Si es a varias voces, inicialmente sólo se cantará la voz principal.
Luego ensayar el estribillo (por partes si es necesario).
Lo canta el animador y lo repite la asamblea.
Luego se invita a la gente a que lo cante sola. Corregir y estimular.
Luego ensayar las estrofas.
Si hay varias voces se van ensayando, e incorporando más instrumentos.
Se puede alternar entre naves, o entre varones y mujeres.
Tener cuidado con el uso del micrófono: no "tapar" el canto comunitario.
Es importante que la gente se escuche a sí misma cuando canta.

Si el canto no es fácil de aprender, no conviene cantarlo en la celebración hasta que la gente se sienta segura (sobre todo si es el canto de entrada, o una aclamación, o es del Ordinario).

El ensayo previo es una buena preparación a la celebración
y es notorio el progreso de las comunidades que lo realizan.

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St. John Bosco

C A T H O L I C   C H U R C H

1301 West Flagler Street, Miami Florida, 33135

                (305) 649-5464

 

SECUENCIA CANTOS DE MISA

 

Þ     Momento de la celebración.

·        Cantos Generales de la Misa.

à        Cantos Rituales (Ordinario) (que todos debemos cantar).

 

·        Canto de Entrada!

Þ     Saludo…         NOS PONEMOS TODOS DE PIE ….

Þ     Acto Penitencial

Todos:  Yo confieso ante……. Por mi culpa…

Cura: dios todopoderoso … y me guarde para la vida eterna, amen:

à        Señor Ten Piedad!  (Si hay aspersión, o sea rociar con agua bendita, no se canta el Señor ten piedad pues la aspersión sustituye al rito penitencial, en ese caso, cuando el sacerdote vuelve al altar después de rociar a la gente con agua, se comienza el Gloria) Se canta un canto de aguas durante la aspersión (Bautízame, y sacarán aguas con alegría, etc.)
Nota: En algunos casos, el sacerdote utiliza el formato 3ro. Del acto penitencial y el SEÑOR TEN PIEDAD se hace recitado. En ese canto, se procede directamente a cantar el Gloria.

à        Gloria! (No se canta durante Adviento ni Cuaresma) (El gloria se canta sin esperar después del Señor Ten Piedad.

Þ     Primera Lectura

à       Salmo!

Þ     Segunda Lectura

Þ     (Dar a los lectores unos segundos para bajar del altar, y empezar el:

à        Aleluya! (No se canta durante Cuaresma) este canto termina cuando el sacerdote llega al ambon

Þ     Lectura Del Evangelio

Þ     Homilía

Þ     Profesión De Fe (Credo)

Þ     oracion de los fieles

·         OFERTORIO! (Canto de la Procesión de las Ofrendas) – Este canto debe terminar cuando el sacerdote se lava las manos.

à        Santo! (Por eso, con los angeles y los arcangeles cantamos sin cesar el himno de tu gloria)

à        Anunciamos tu muerte… (Este es el sacramento de nuestra fe):

à        Amen! A ti Dios padre onmipotente, en la unidad del Espiritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos)

à        La Paz! (Démonos fraternalmente una señal de la paz, no se canta.)

à        Cordero de Dios! (Se canta después de la paz sin esperar)

·         Canto de Comunión! (Canto eucarístico, fácil de cantar para no obstruir el acto de comulgar. El rito de comunión termina cuando el cura se sienta. El canto de comunión, puede terminar ahí o un poco antes para cantar el canto de meditación.

·         Canto de Meditación! (Debe ser suave, instrumental o hasta silencio, el silencio es parte muy importante en varias partes de la misa. Hablaremos más de ello en el futuro). Luego de terminada la comunión, el sacerdote se sienta para dar tiempo a los fieles a meditar. No siempre hay tiempo para cantar un canto de meditación

·        Canto de Salida! (No es parte oficial de misa la cual terminó al besar el sacerdote el altar. Es más que nada una tradición. Puede ser básicamente cualquier canto). Se empieza cuando el sacerdote besa el altar. Algunos sacerdotes esperan que empiece el canto antes besar el altar.

Recuerda en esta Semana Santa de comenzar ir a misa.   Cuando fue la ultima vez?